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1917, de Sam Mendes. Una magnífica película de guerra.

Podemos considerar a la 1ª Guerra Mundial, como el primer conflicto bélico rodado en cine, más allá de las “batallas” que a finales del siglo XIX, se recrearon en estudio de la Guerra Hispano Americana de 1898. Por ello todos pensarían que deberíamos de estar ante el conflicto bélico más y mejor llevado a la pantalla y sin embargo no solo no es así, sino que mas allá de algunas obras maestras, no ha sido un conflicto muy bien tratado y narrado por el cine. Por más que algunas películas fueron rodadas poco tiempo después de acabado el conflicto (Los cuatro jinetes del apocalipsis de Rex Ingram, 1921; El gran desfile de King Vidor, 1925; o Alas de William Wellman en 1921).


Hoy, un siglo después de concluir la guerra que iba a acabar con todas las guerras, Sam Mendes nos ofrece su sentido y genial homenaje a aquellos que participaron en el mayor conflicto hasta la época, para lo cual se basa en los relatos que su abuelo le hizo de sus peripecias en la Gran Guerra como mensajero en el frente francés. Mendes nos ofrece una joya cinematográfica completa en la que los protagonistas, interpretados por Dean-Charles Chapman (Juego de Tronos) y George MacKay (El secreto de Marrowbonel ), no son héroes que tratan de mostrar una lucha épica, ni personajes atropellados por la historia en un alegato antibelicista, sino que nos reflejan la cruda realidad de la época y de la lucha de trinchera que acabó con toda una generación europea. Y para ello, Mendes nos permite que nos sumerjamos en las trincheras y en el barro, en la que podemos respirar el hedor de los cadáveres, asquearnos con la proximidad de ratas, o suframos el hambre de los combatientes, ayudándose de una técnica ya conocida en el cine, pero poco usada (ya la usó Hitchcok, en La soga); el rodar la película en un largo y único plano secuencia (para ello llegaron a construir una cámara especialmente para la ocasión), lo que permite que sigamos al lado de los protagonistas en tiempo real, su peripecia contra reloj para lograr entregar a tiempo un mensaje que evite que todo un batallón sea masacrado por los alemanes. Sin embargo, la secuencia tiene trampa ya que, a modo de la pintura decorativa, despliega varios trampantojos en los que cambia la misma, ayudándose de un personaje que se cruza ante la cámara, de una explosión o del desmayo del protagonista, pero no por ello disminuye un ápice la continuidad e intensidad de la trama, ni la viveza del relato.

Nunca hasta ahora en su extensa filmografía, había conseguido Mendes, aunar en un solo film todos los grandes recursos narrativos que nos ha demostrado este director en sus películas previas (Camino a perdición, 2002; Belleza Americana, 1999; Solo un sueño, 2008; entre otras). Primero con un enorme guion escrito a la limón con Krysty Wilson-Cairns (autora del guion de la extraordinaria y gótica serie de TV, Penny Dreadful), y luego apoyado de una magnífica fotografía de Roger Deakins, que consigue conjugar e hilar la lúgubre penumbra de las catacumbas que fueron las trincheras en el Somme, con una luz natural y exteriores épicos y que nos “meten” casi físicamente en el film como si de un moderno videojuego se tratase. Mención especial se merece la escena nocturna, donde consigue un impresionante cuadro a base de sobras y luces, que merece el estudio y el elogio de todos a los que nos gusta el cine.


Evidentemente esta forma de rodar, hace que el desarrollo de los personajes se quede corto a lo largo de la cinta, lo que empequeñece el trabajo de los actores, pero Mendes sacrifica conscientemente esto y consigue con maestría que cualquier pequeño gesto; un abrazo, una promesa a un moribundo, la visión de una fotografía o el simple pero descriptivo rellenado de una cantimplora con leche, logre que no decaiga ni un ápice el interés y la complicidad del espectador con estos dos soldados, que no son héroes, ni quieren serlo, simplemente cumplen con su cometido y solo aspiran a sobrevivir.

Es por ello que los actores en esta cinta sean lo de menos, a pesar de los inestimables cameos de actores consagrados como Collin Firth, Bennedict Cumberbatch, Richard Madden o Marck Strong, porque lo importante es lo que se cuenta y, sobre todo, cómo se cuenta.

A pesar de estar al principio del año, no dudo en afirmar que estamos ante una de las mejores películas que vamos a poder ver en 2020 y sin duda una de las mejores películas de la filmografía de su director, por lo que seguro que se llenará de nominaciones y de premios (ya ha ganado dos Globos de Oro y apunta a copar las nominaciones en los Oscar). Estamos ante una película bélica a la altura de los Senderos de Gloria de Kubrick, Johnny cogió su fusil de Trumbo o Gallipoli de Weir, algunas de las obras maestras que sobre la Gran Guerra se han filmado.


FICHA TÉCNICA

Título original : 1917
Año: 2019
Duración: 119 min.
País: Reino Unido Reino Unido
Dirección: Sam Mendes
Guion: Sam Mendes, Krysty Wilson-Cairns
Música: Thomas Newman
Fotografía: Roger Deakins

Reparto: George MacKay, Dean-Charles Chapman, Mark Strong, Richard Madden, Benedict Cumberbatch, Colin Firth, Andrew Scott, Daniel Mays, Adrian Scarborough, Jamie Parker, Nabhaan Rizwan, Justin Edwards, Gerran Howell, Richard McCabe, Robert Maaser, John Hollingworth, Anson Boon, Jonny Lavelle, Michael Jibson, Chris Walley, Pip Carter, Paul Tinto, Andy Apollo, William Postlethwaite, Gabriel Akuwudike, Josef Davies, Spike Leighton, Adam Hugill, Benjamin Adams, Tommy French, Merlin Leonhardt, Jos Slovick, Jack Shalloo, Elliot Edusah, Jacob James Beswick, Daniel Attwell, Samson Cox-Vinell, Michael Rouse, Richard Dempsey, Phil Cheadle, Jonah Russell

Productora: Coproducción Reino Unido-Estados Unidos; Amblin Partners / Neal Street Productions / DreamWorks SKG / New Republic Pictures. Distribuida por Universal Pictures
Género: Bélico. Drama | I Guerra Mundial
Sinopsis: En lo más crudo de la Primera Guerra Mundial, dos jóvenes soldados británicos, Schofield (George MacKay) y Blake (Dean-Charles Chapman) reciben una misión aparentemente imposible. En una carrera contrarreloj, deberán atravesar el territorio enemigo para entregar un mensaje que evitará un mortífero ataque contra cientos de soldados, entre ellos el propio hermano de Blake.



Ciclo de cine social: El último de F.W. Murnau (1924)

El pasado viernes tuvo lugar en la Fundación Juan March (calle Castelló n.º 77 de Madrid), la inauguración de su 9º ciclo de cine mudo. La Fundación decidió en el año 2010, dar a conocer a aficionados y enamorados del llamado 7º arte, un amplio catálogo de películas de los orígenes del cine. Agrupados por temáticas, haciendo especial hincapié en aquellas películas más importantes y que por diversos motivos, han quedado relegadas a ser visionadas por profesionales, estudiosos o “frikis” aficionados, que buscan en las añejas cintas, las referencias que les lleven al cine posterior. Para ello cada película es presentada y analizada por un experto en cine como Carlos F. Heredero, Miguel Marías o Manuel Hidalgo entre otros. 

Por las pantallas de la March, han pasado grandes películas, como "El gabinete del doctor Caligary", el primer "Ben Hur" o el célebre "Acorazado Potemkim", además de célebres actores, algunos de ellos hoy olvidados, como Ramón Novarro, Emil Jannings, Lilliam Gish o Louise Brooks, y otros que iniciaron sus primeros pasos en el cine silente y que hoy son recordados por otras cintas posteriores u otros temas, como Rodolfo Valentino, Greta Garbo o Hedy Lamarr. 

Este año y bajo el título de Cine Social, Román Gubern (comisario de este y de los anteriores ciclos), nos presenta 8 películas que ahondan en la problemática social en los remotos orígenes de la fotografía en movimiento. Cabe recordar que la primera proyección cinematográfica presentada al público por los hermanos Lumiere (al fin y al cabo, los inventores de esto) en 1895, fue la "Salida de los trabajadores de la fábrica”, ya que la idea original de los Lumiere es que el cinematógrafo, para lo que de verdad servía, no era para divertir, sino para exponer la realidad de una época y dejar constancia de ella para su generación y las futuras. Afortunadamente para los espectadores posteriores, poco después apareció Georges Mèliés para, con sus trucos de ilusionista y sus efectos especiales, convertir un invento documental en el espectáculo que es hoy en día.

La primera película proyectada, presentada por el periodista y crítico Manuel Hidalgo, es una de las mejores muestras del cine social alemán de entre guerras: El último (1924) de F.W. Murnau.

Basada libremente (muy libremente) en el relato corto “El capote” de Nikolai Gogol, estamos ante uno de los trabajos mas representativos de la famosa productora U.F.A. (Universum Film AG), posteriormente célebre por ser la productora de la mayoría de las películas bajo el Tercer Reich. La U.F.A. no dudó en hacer de esta película toda una superproducción de la época, no escatimando nada ni en decorados (toda la película está hecha en estudio), ni en personal. De director contrataron a Friedrich Wilhelm Murnau, uno de los mayores y mejores representantes del expresionismo cinematográfico alemán junto con Wieme, Siodmark, Lang, Wilder o Pabst (del que también proyectan una película en este ciclo), y como la mayoría de ellos, salió de Alemania rumbo a los EE.UU. en cuanto llegaron al poder los nazis en su país y al calor del sol hollywoodense.

En este film, Murnau convierte el lenguaje cinematográfico en un caleidoscopio en el que reflejar el ambiente opresivo y decadente del final de la república de Weimar, para ello se apoya en la excelente fotografía de Karl W. Freund (célebre por su trabajo en Metrópolis de Lang), llena de claro oscuros y de contrastes que delimitan y potencian la acción y nos permiten admirar el trabajo silente de los actores, sobre todo el de uno de los mejores y mas aclamados actores alemanes de la época: Emil Jannings, que dibuja increíblemente el personaje del decadente portero de hotel caído en desgracia. 

“De Murnau aprendí a contar historias sin palabras” dijo una vez el genial Alfred Hitchcock, y esta película es sin duda el paradigma de esa afirmación, ya que Murnau ni tan siquiera utiliza intertítulos (aquellos cartelitos que interrumpían la acción en las películas mudas para explicarnos algo que no se podía contar sin palabras, o para dar conocimiento de un diálogo silente entre personajes), mas allá de utilizar unos titulares de prensa al final de la película para dibujarnos un final feliz que la misma no necesita. 

EL Crack 0 de Jose Luis Garci. El regreso de Areta.



Título original: El crack Cero
Año: 2019
Duración: 122 min.
País: España
Dirección: José Luis Garci
Guion: José Luis Garci, Javier Muñoz
Fotografía:Luis Ángel Pérez
Música: Jesús Gluck
Reparto: Carlos Santos, Miguel Ángel Muñoz, Luisa Gavasa, Patricia Vico, Pedro Casablanc, María Cantuel, Macarena Gómez, Belén López, Raúl Mérida, Cayetana Guillén Cuervo, Luis Varela, Ramón Langa, Andoni Ferreño, Alfonso Delgado, Jacobo Dicenta, Samuel Miró, Susana Paz, Jero García, Daniel Huarte


Sinopsis

Seis meses después del suicidio del sastre Narciso Benavides, una misteriosa y atractiva mujer casada visita a Germán Areta, prestigioso ex policía de la Brigada Criminal, ahora convertido en detective privado, para que inicie una investigación ya que la mujer está convencida de que el sastre, que era su amante, fue asesinado y no se suicidó. La experiencia le dice a Areta que la gente sólo mata por amor o por dinero, aunque a lo largo de la investigación irá descubriendo que hay más motivos, y más de un sospechoso, para quitar de en medio a un sastre.




Reseña

Cuando a principios de la década de los 80, Jose Luis Garci abandonó momentáneamente el cine social que estaba filmando, para darse un homenaje con el género que mas le atraía (el género negro, hoy mal llamado Thriller), todos nos quedamos maravillados con la estética, el ambiente y el tempo que le dio a ese primer Crack. La presencia de algunos actores relevantes del momento, y sobre todo la aparición estelar de un Alfredo Landa inmenso, que dio un vuelco brutal a su carrera como interprete, proporcionaron a El Crack una fama (léase también taquilla) que la ha convertido en un icono del cine español. Tal fue el éxito que al poco, el propio Garci con el mismo equipo, estrenó con igual fortuna El Crack 2, continuación de una película que olía a saga.
Sin embargo la continuación no llegaba, a pesar de que el propio Garci llegó a plantearse en los 90 una nueva entrega. Pasó el tiempo, y parecía que el oscarizado director había abandonado esa línea para centrarse en cintas mas trascendentes, como “El abuelo” o la para mí incomprensible “Historia de un beso”, en la que contó también con Landa para el papel protagonista. El sueño de muchos aficionados al género de seguir disfrutando de las aventuras del detective Germán Areta, parecía que iba a dormir la noche de los justos, toda vez que el propio Garci, decidió retirarse de la dirección. Sin embargo la desaparición del entrañable y genial Alfredo Landa, unida a la insistencia tenaz de su viuda, Maite Imaz, propiciaron las ganas de “resucitar” a Areta, con lo que Garci se puso a escribir, junto con Javier Muñoz, un nuevo guion. En este caso la precuela de la serie; un Crack Cero.
El guion ha dormido bastante en los cajones de Garci, pero al final la película ha salido adelante y por fin la hemos podido ver en la sala oscura (que es donde mejor se ve el cine, sobre todo si es bueno).
Si el Crack (título onomatopéyico y definitorio), estaba dedicado a Dashiell Hammet y el Crack 2, a Raymond Chandler, el Crack Cero, lo ha dedicado a James M. Cain, completando una santísima trinidad de autores nortemericanos que elevaron el género negro a la altura de Gran Literatura.

MIENTRAS DURE LA GUERRA (Alejandro Amenábar)


Alejandro Amenábar ha regresado a la producción nacional tras su periplo norteamericano (Ágora, Regresión), para contarnos su visión de los primeros meses de la sublevación militar del 18 de Julio y como colofón, de uno de los capítulos mas conocidos y a la vez mas oscuros del inicio de la Guerra Civil: El discurso, descarnado y personal, que Don Miguel de Unamuno hizo en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca (su templo, en palabras del propio Don Miguel), el día de la Raza; 12 de Octubre de 1936, con la ya famosa frase de “Venceréis pero no convenceréis”, dirigida a los sublevados allí concentrados.


La película cuenta la historia a través de un personaje controvertido, sumido en las dudas tras el fracaso evidente de una República que él había deseado y apoyado, y que a su vez fue posteriormente tildado de traidor por ambos bandos: Miguel de Unamuno (Bilbao, 29 de septiembre de 1864-Salamanca, 31 de diciembre de 1936).
Intelectual español, miembro de la ya de por si abrumada Generación del 98 y abrumado a su vez por las terribles circunstancias del tiempo que le tocó vivir: La segunda mitad del siglo XIX y el primer tercio del XX. Intransigente y testarudo, aunque abierto pensador, voraz lector y conversador. Sus orígenes cercanos al ideario carlista, sus coqueteos juveniles con el socialismo y el librepensamiento ateo, abandonados por un cristianismo racional, su oposición frontal a la monarquía y a la dictadura de Primo de Rivera, que llegaron a costarle una condena a destierro, su apoyo y posterior desencanto con la Segunda República y su apoyo inicial al levantamiento militar que acabó con aquella, tras asistir aterrorizado a la barbarie y la violencia que provocó, le convierten en uno de los personajes principales de la llamada Tercera España, aquella que, abrumada y dolida por los abusos y desmanes de la República en la que habían confiado como regeneradora de un pais atrasado, creyó en el levantamiento militar como freno al descontrol y promotor del orden, para darse cuenta inmediatamente de que el orden que se proponía era simplemente la aplicación el terror mediante la aniquilación del opositor y del disidente, o simplemente del no afecto.

DOLOR Y GLORIA. Una ventana que mira al interior.

 A lo largo de la historia del arte ha habido muchos creadores que han utilizado ese mismo arte como catarsis personal, como una manera de enfrentarse a su propio ser, a quienes son y sobre todo, de donde vienen. Y el cine no ha sido una excepción. 

Desde la grandeza en las pequeñas cosas de Bergman en “Fresas Salvajes” o la emotiva ligereza de Allen en “Días de Radio”, muchos cineastas han buscado en su infancia y la han plasmado, más o menos fielmente, en la pantalla. En la filmografía de Pedro Almodóvar, su vuelta a los orígenes y su mirada hacia atrás es recurrente en su filmografía, llamémosla trascendente. Cintas como “Volver”, “Todo sobre mi madre” o “La mala educación”, contienen muchas referencias y guiños al pasado del autor, pero es en esta “Dolor y Gloria” donde el cineasta manchego más se complace y se autorretrata. En esta película, Almodóvar se hace un constante guiño a sí mismo para retratar, no una época (los ochenta perdidos y solamente perfilados en la cinta, o los años de una infancia en la gris España del tardo-franquismo), ni un lugar especialmente emotivo (en este caso el Madrid de Lavapiés, o la Mancha que aquí no se dibuja), sino para retratarse a sí mismo, a su propio ser y a su decadencia física. 

EL SILENCIO DE OTROS. El olvido no compartido.


Han pasado más de 43 años de la muerte del dictador Francisco Franco y pronto se cumplirán 80 del final del ultimo (¿?) episodio de lucha fratricida de este país y seguimos dándonos cuenta de que hay heridas que no se han cerrado y amenazan seriamente con gangrenarse. El silencio de otros narra varias de esas heridas.
Estamos ante un documental desgarrador y conciso en el que Almudena Carracedo Robert Bahar, directores, productores, inspiradores y alma mater de este proyecto, han querido dejar constancia de la lucha, muchas veces estéril, descorazonadora, pero nunca inútil de un grupo de personas empecinadas en rescatar de la memoria lo que otros se han obcecado en  ocultar, en enterrar en las fosas del olvido.
Por la pantalla pasan una anciana que recuerda como cuando era apenas una niña, su madre fue “paseada” al inicio de la guerra, un grupo de personas se presentan como niños “robados” con la anuencia y la impunidad del régimen franquista y la continuación increíble de los hechos durante la democracia, una mujer pretende desenterrar de una fosa común a su padre fusilado, y varias personas que reclaman justicia ante las torturas sufridas en los estertores del régimen, en la tétrica Dirección General de Seguridad (hoy en día sede de la Comunidad de Madrid), a manos del célebre y condecorado por el Ministerio del Interior; Antonio González Pacheco, alias “Billy el Niño”, terror de los opositores al dictador en los últimos años de su mandato y primeros de la democracia.
Ante la negativa de la justicia española de hacer frente a los fantasmas del pasado, amparada en la ley del olvido (Ley de Anmistía de 1977 por la que se perdonaban, no solo los delitos de resistencia al Régimen, sino también los delitos de lesa humanidad del mismo hacia sus opositores), este heterogéneo grupo de personas se une y lucha para que sus historias no sean olvidadas amparándose en el derecho internacional y presentan la querella en Argentina.
Las maniobras del gobierno español y de los encausados para frenar y entorpecer el proceso, los intentos de la jueza argentina por hacer declarar a los imputados, las alegrías y lo sinsabores de estas personas que dejan por el camino dinero y esperanzas, nos son relatados de forma descarnada y sin velos a lo largo de los años que contemplan todo el proceso.
Al final de la cinta se vislumbra un rayo de esperanza, parece que por fin la justicia va a hacer precisamente eso, justicia. Lamentablemente, la edad avanzada de alguno de los protagonistas y su delicado estado de salud, nos muestra al final de la cinta que su esperanza pasa, como una triste herencia, a sus descendientes sin que ellos hayan visto el final del largo y oscuro túnel de su memoria.

(Trailer oficial de la película)

El Reino. Una reflexión necesaria sobre la corrupción.

Título original: El reino
Año. 2018
Duración: 122 min.
País: España
Dirección: Rodrigo Sorogoyen
Guion; Isabel Peña, Rodrigo Sorogoyen
Música : Olivier Arson
Fotografía: Álex de Pablo
Reparto: Antonio de la Torre,  Josep Maria Pou,  Nacho Fresneda,  Ana Wagener, Mónica López,  Bárbara Lennie,  Luis Zahera,  Francisco Reyes,  María de Nati, Paco Revilla,  Sonia Almarcha,  David Lorente,  Andrés Lima,  Óscar de la Fuente, Laia Manzanares.



Si hay algo que asquee, que repugne a la mayoría de los ciudadanos, es la corrupción. Al menos de puertas hacia afuera. Sin embargo nos hemos acostumbrado a ella a base de que nos la hayan ido suministrándola en pequeñas dosis, como el veneno que cuando se dosifica es curativo pero que acaba emponzoñando el organismo. Inunda Telediarios, tertulias, portadas de periódicos en papel o electrónicos y que llena de inmundicia la “res pública”, y creo que es por la náusea y el hastío que causa, por lo que la magnífica película de Sorogoyen no solo era necesaria, sino imprescindible.
Dentro de un marco aparentemente normal, cotidiano, que se desliza hacia un thriller angustioso, Sorogoyen nos muestra la realidad dentro de un partido político (evidentemente no lo circunscribe a ninguna ideología). Una verdad que todos intuimos, pero que habitualmente no se nos muestra a plena luz del día, y es que la corrupción siempre ha existido y que siempre existirá, y que solo la ambición, el orgullo, el miedo, esos sentimientos tan humanos y tan individuales, permiten resquebrajarla, pero desde dentro.