Mostrando entradas con la etiqueta Artículos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Artículos. Mostrar todas las entradas

Diez años de 15M. ¡Como hemos cambiado! ¿O no?

 Durante esta semana nos hemos visto inmersos en el recuerdo y la conmemoración de un acontecimiento social que cambió no sólo los parámetros sociales, sino también los políticos, en los que se movía la dinámica bipartidista del momento: El 15M. ¿O quizás no tanto?

El hartazgo ciudadano creado por la crisis económica de 2008, los enormes problemas sociales y económicos que se preveía iban a surgir al albor de esa misma crisis, artificial y a todas luces provocada por el propio sistema, y la inacción de los partidos tradicionales, anclados en el turnismo amparado por el bipartidismo existente, llevaron a la población en general y a la juventud en particular, a manifestarse de forma ruidosa y notoria en las principales plazas de las ciudades españolas, siendo la madrileña Puerta del Sol, la primera y la abanderada de esta reivindicación; primero por ser una de las plazas más emblemáticas de toda España y segundo, y yo creo que la principal, por ser la plaza que alberga la sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid, en aquel momento presidida por Esperanza Aguirre.

Reivindicaciones elementales y básicas, como el derecho a una vivienda digna y asequible, el fin de las puertas giratorias, el desterramiento definitivo de la corrupción política, una educación y una sanidad solidaria y de calidad, la garantía del sistema de Pensiones solidario, entre otras, fueron los banderines de enganche de esta revolución incruenta que llenó las páginas de los periódicos y las horas de las televisiones más allá incluso de nuestras fronteras.

Al grito de “No nos representan”, los participantes en las acampadas ciudadanas del 15M, manifestaron su rechazo y su repulsa contra una clase política que les había dejado de lado y a la que reclamaban transparencia y un cambio profundo en la ley electoral, base y sustento de un rancio bipartidismo, más cercano al modelo ochocentista de la Restauración, que a los nuevos tiempos del siglo XXI.

Un cóctel de reivindicaciones en el que subyacía la desesperación de los más jóvenes que pedían un futuro digno para todos.

A rebufo de esas reivindicaciones surgieron partidos regeneracionistas como Ciudadanos y Podemos, que pretendían asaltar el poder político desde dentro para cambiarlo, sanearlo y adecuarlo a los nuevos tiempos.

Han pasado diez años y, aprovechando fecha tan redonda quizás sea hora de analizar si de verdad esa revolución cultural ha servido para algo.

En el terreno político, los dos partidos surgidos a la sombra de esa incruenta asonada (permítaseme el oxímoron) al principio tuvieron un respaldo masivo y popular bastante importante.
Sin llegar a conseguir desbancar en ningún momento a los partidos tradicionales, tuvieron un tirón popular que les permitió entrar en las Cámaras de Representantes e incluso en algunos gobiernos locales, llegando Ciudadanos a ganar unas elecciones autonómicas en Cataluña (su feudo de origen) pero, sin la suficiente mayoría, ni consiguieron ni tan siquiera intentaron llegar a formar gobierno. Evidentemente no lograron (Ciudadanos ni lo intentó) cambiar la ley electoral que les impedía tener la suficiente representación parlamentaria, por lo que, poco a poco, el propio sistema les ha ido penalizando según iban entrando en distintos gobiernos, con el consiguiente desgaste popular. Si es cierto que Podemos ha llegado a formar, junto con el PSOE, el primer gobierno de coalición desde el final de la II República, pero casi ninguno de los objetivos políticos planteados en aquellas asambleas callejeras, germen del partido morado, se han logrado. No se ha acabado con los aforamientos, no se ha acabado con la corrupción sistémica (no nos engañemos), ni se han abolido leyes a todas luces abusivas, como la llamada “Ley Mordaza” que en la práctica impide la realización de otra manifestación popular como fue el 15M.

Ahora, tras las últimas elecciones autonómicas en Madrid, Ciudadanos prácticamente ha desaparecido del mapa político (ya veremos en que queda la formación naranja en las próximas Generales) y Podemos, asolado por el caudillismo de Iglesias, creo que totalmente impropio de una organización de izquierdas organizada en torno a la participación y organización coral, ha quedado relegado a una fuerza política del tamaño y fuerza que en su día tuvo Izquierda Unida, ahora canibalizada en sus filas.

La reclamada transparencia política, ha quedado reducida a una serie de normas de difícil cumplimiento, como han reconocido diversos analistas en los últimos años, por lo que ha mudado en papel mojado, más allá de alguna comisión parlamentaria cuyas conclusiones apenas han llegado al ciudadano de a pie.

En el plano social y económico no nos ha ido mucho mejor. La lucha por una vivienda digna y el fin de los desahucios ha caído en saco roto. Se han seguido produciendo desahucios y el precio de la vivienda de alquiler sigue estando por las nubes, inasequible para la población más joven y que más lo reclama. Solo la pandemia de COVID ha conseguido una moratoria en desahucios, pero esto es coyuntural y hambre para mañana. La venta de Viviendas de Protección Pública a Fondos Buitre no ha hecho más que empeorar aún más la situación de muchas familias, que han visto como su casero cambiaba y les cambiaba las reglas de juego, sobre todo con inasumibles subidas en el precio del alquiler.

Foto tomada por el autor en la manifestación del 15M 2011

Foto tomada por el autor en la propia manifestación del 15 M

En cuanto a otras de las reivindicaciones, la situación tampoco es muy boyante. La pobreza energética sí que ha tenido algunos intentos de regular el tema, pero hoy en día seguimos con los mismos problemas. Se sigue con hogares a los que se les corta el suministro y con un sistema de tarificación incomprensible para el ciudadano medio y que permita, más allá del Último Recurso, subidas de tarifas energéticas incomprensibles para el lego en la materia. El desempleo ha descendido, pero la precariedad sigue vigente y al alza además, la crisis producida por la pandemia de la COVID-19, ha dejado un panorama muy preocupante para los más jóvenes. La “hucha” de las pensiones está vacía y la precariedad y la temporalidad siguen predominando, lo que retrasa la edad de emancipación y obliga a muchos jóvenes a emigrar, justo lo que más temía el movimiento.

No todo lo que intentó el 15M ha quedado en el olvido o ha desaparecido en las brumas de la Historia. El aviso llegó a los grandes partidos y provocó un rejuvenecimiento más rápido en sus estructuras. Las primarias (hoy en día globalizadas en casi todo el arco parlamentario) se establecieron para dar una sensación de participación de las bases en la estructura de los partidos y una patina democrática que hasta ahora solo existía en alguno de ellos.

Diez años después, las reivindicaciones de aquel movimiento que tomó la Puerta del Sol durante más de un mes siguen vigentes. No hemos cambiado tanto.

El autor en el 15M





CON PERMISO PARA PERDER

No, no voy a hablar de política ni de elecciones.

En apenas un par de días, la institución deportiva más laureada del continente se ha visto en la tesitura de intentar el asalto a la fase final de las competiciones continentales, en unas condiciones paupérrimas y, a pesar de que en ambos casos el envite acabó en derrota, lo cierto es que la manera de producirse ambas me parece que requiere un análisis pausado, más allá del hecho de la misma derrota. No olvidemos que los deportistas, por muchas veces que ganen, siempre pierden más.

Pero vayamos por orden cronológico. El martes, en la ciudad otomana de Estambul, el Real Madrid de Baloncesto se enfrentaba por quinta y ultima vez al rival que su desigual paso por la fase regular de la competición le había asignado: Anadolu Efes.

Considerado uno de los principales favoritos al título y con la que quizás es la mejor backcourt de Europa: la formada por Shane Larkin y Vasilije Misic (quien al año que viene compartirá vestuario con Gabriel Deck en Oklahoma). Los turcos esperaban una eliminatoria más sosegada, tras las dos palizas iniciales en Estambul. El Madrid se enfrentó en al dilema de dejarse ir por la inercia y caer en su cancha o de resistirse a la evidencia de la superioridad del conjunto turco y optaron por esto último. Dos finales explosivos, con remontadas épicas, con Llull y Garuba (otro que pone rumbo a la NBA) de estrellas, forzaron ese quinto partido. Encuentro que estuvo igualado hasta los segundos finales, en los que dos “invitados” inesperados; Pleiss (5 puntos, triple incluido) y, sobre todo Simon, con un triple desde 8 metros con Thompkins encima y a dos segundos de la posesión, hicieron que el equipo, dirigido magistralmente por Pablo Laso, acabase derrotado y eliminado.

Y es que el Real Madrid llegó a este último encuentro totalmente fundido, por una planificación de plantilla y un calendario digno de haber sido hecho en un frenopático. Primero, la fuga prevista a la NBA del base más decisivo de la competición (Campazzo) y que, aunque prevista, no fue paliada por una directiva que lo confió todo a un base en el que no cree el técnico (Laprovittola, magnífico en este último choque), un chaval con mucho talento, pero en formación (Alocén) y un Llull, que, aunque espléndido a ratos, ya no está para esos trotes, acosado por las lesiones. Luego la lesión de Randolph que, esta sí, intentaron amortiguarla con el fichaje de un Tyus que está a años luz del que maravilló en Maccabi y, finalmente la fuga inesperada a la NBA de Gabriel Deck, que dejó al equipo sin un baluarte ofensivo-defensivo de primer nivel y sin recambio posible. Además, más allá del expolio de la liga Norteamericana y de la infausta lesión del pívot nacionalizado esloveno, el equipo ha sufrido durante todo el año una plaga de lesiones (la mayoría musculares) que llevaron a que en los momentos decisivos, el juego interior del Madrid pareciera el de un hospital, con Tavares (ya dijo Pablo que lo iban a matar jugando la tonelada de minutos que ha jugado, al no tener un recambio en la plantilla en su posición) y con Thompkins a menos del 50% de su potencial.

Con todo y con eso llegaron nadando hasta la orilla con más corazón y empuje que capacidad para derrotar al que, si el Barcelona no lo impide, será el campeón de la competición.


Que por mayo era por mayo

Hace ahora diez años, en la madrileña Puerta del Sol, surgió un movimiento popular de repulsa contra el amanerado bipartidismo existente que tenía el panorama político español, completamente anquilosado y amenazado por un cierto colapso democrático y dotando a los ciudadanos de una cierta esperanza por un futuro, alejado de los parámetros políticos de corrupción y escándalo, que hasta ese momento se barajaban. Hoy, otro día de mayo, el partido surgido de aquella manifestación popular ha colapsado y el líder que surgió de la misma, ha sellado su tumba política. No podemos ignorar que Iglesias ocupaba hasta hace bien poco el segundo sillón del Gobierno Nacional y dejó cartera y escaño para bajar a la arena política y consolidar la alternativa de izquierda en Madrid. Pero el aluvión Ayuso ha arrasado en las elecciones a la Comunidad de Madrid. Unas elecciones arteramente convocadas por la propia Díaz Ayuso bajo la excusa de una supuesta moción de censura apoyada por Ciudadanos, su socio de Gobierno en la Puerta del Sol. Socio que, por otra parte, también ha sido completamente fagocitado y aniquilado políticamente por la agrupación de la calle Génova. No podemos ignorar que, en las encuestas preelectorales de 2018, Ciudadanos se dibujaba como la primera opción de Gobierno en la Comunidad de Madrid y hoy ha desaparecido completamente del hemiciclo matritense. Seguramente lo haga de los demás en próximos comicios.

El PP que, tras el escándalo Cifuentes, parecía condenado al ostracismo en las elecciones de 2018 y sobrevivió haciendo equilibrios para obtener el apoyo a su izquierda y derecha (léase Ciudadanos y Vox), se ha erigido como el absoluto vencedor dos años después. Con un mensaje simple (infantil diría yo) de “Comunismo o libertad”, que nadie se aventuró a rebatirle simplemente preguntándole donde veía ella el comunismo rabioso en la sociedad actual, Ayuso se ha alzado con la mayor victoria el Partido Popular en su feudo fetiche. Sin un programa claro, sin una sola idea medianamente novedosa o relevante, política social o económica frente a la pandemia que nos asola, simplemente llevando la contraria por defecto al Gobierno Central e incluso a algunos miembros de su propio partido. Solo hace falta recordar que hace apenas un par de años, un importante exministro de Rajoy dijo en “petit comité”, al conocer su nombramiento como candidata a la Comunidad: “Nos hemos tirado la vida con las etiquetas de partido serio, responsable, predecible y sensato y ahora vamos a competir por ver quién da más espectáculo y dice la mayor burrada”.

Y es que Isabel Díaz Ayuso ha aprendido de los grandes manipuladores electorales modernos (el creador del “political-show”; Silvio Berlusconi, su gran alumno norteamericano Donald Trump y, sobre todo, su mentora y madrina política: Esperanza Aguirre), que basta con un mensaje de confrontación, simple y directo, para conseguir grandes metas políticas. No es necesario desgastarse en sesudos debates ideológicos, no hacen falta programas económico/sociales complejos que busquen soluciones plausibles a los graves problemas que amenazan a los ciudadanos, basta con decirles lo que quieren oír, de forma estridente, crispada, simple y directa. No dice nada concreto y ese ha sido su éxito.

La crispación política que impera en los últimos tiempos la ha beneficiado, a pesar de una alta, altísima participación, que antes de hoy se entendía favorecía los números de la izquierda, pero cuyo supuesto se ha demostrado erróneo.

Por su parte el PSOE, ha pagado muy cara su improvisación y su falta de liderazgo en la Comunidad. La fallida moción de censura en Murcia (que habría que investigar a fondo) que provocó el adelanto de elecciones en Madrid, les ha pillado sin un candidato preparado (Gabilondo tenía preparado su aterrizaje como Defensor del Pueblo), sin otra estrategia que la de ridiculizar a la candidata del PP (no hacía falta, en serio) y evocar los fantasmas del fascismo más rancio, el aparato del partido (ese que ha devastado Sánchez) pensó que, con presentar al mismo candidato, agotado por dos años de triste pulular por la Asamblea, y apoyarle desde Moncloa, sería suficiente para reeditar los datos obtenidos hace apenas dos años. Craso error.

El único partido de la izquierda parlamentaria que ha salido reforzado ha sido Más Madrid. Situado en un término medio entre el PSOE más centrado y el licuado extremismo podemita, ha rentabilizado los errores que han cometido los partidos a su derecha e izquierda para dar ese sorpasso que en su día soñó Iglesias. Una candidata desconocida, pero preparada y con un mensaje claro y conciso, ha servido para captar bastantes votos socialistas y la situarse en el zenit de la oposición. Sin embargo, ya pesar de algunos análisis que estoy oyendo en las últimas horas, creo sinceramente que no es extrapolable a unos comicios nacionales.

Dicebamus hesterna die. (Decíamos ayer)

No, no han pasado dos años desde mi último acceso a estas páginas, ni tampoco he purgado pena alguna en una lóbrega mazmorra inquisitorial como hizo el fraile agustino al que atribuyen esta frase (a pesar de que no hay constancia que la dijese), tan solo han pasado cuatro meses desde que incluí mi último escrito en este blog, en parte porque estaba dedicado en cuerpo y en alma (nunca mejor dicho), a la publicación de mi libro de relatos “Como nubes que pasan sin descargar” y, por otra parte, porque los acontecimientos políticos, sociales y de toda índole que se están sucediendo últimamente en este país, me estaban creando una migraña y una perplejidad que no sabía muy bien donde tenía que concentrar el foco de mi atención.

El tema principal de mis últimos escritos fue la maldita pandemia de un virus, un tema recurrente y que ha absorbido casi todo lo que ha sucedido en el mundo, aunque el mismo, mortal y contagioso, no es ni mucho menos uno de los más agresivos que ha conocido la humanidad, ni tan siquiera entre los que ahora mismo matan a miles, millones de personas en el tercer mundo (ébola, chakra, etc.), pero claro es otro mundo.

El asunto sigue ahí, a pesar de la esperanza puesta a principio de año en esas vacunas que, en parte por un excesivo optimismo por parte de todos y en parte por la infausta gestión que del uso de las mismas están haciendo los distintos gobiernos (principalmente occidentales y especialmente comunitarios, de toda tendencia política, no están resultando tan veloces y determinantes cómo esperábamos. El virus, los contagios, los muertos, las restricciones,  las leyes regresivas y el miedo siguen ahí, presentes en nuestra vida, amenazando quedarse instalados a perpetuidad, más allá incluso de la pervivencia del virus que los ha provocado. Y es que nadie, o al menos nadie lo ha dicho públicamente, que yo sepa, se ha planteado cómo y de que manera vamos a salir de esta situación anómala a todas luces, porque no creo que la vida vuelva a ser como antes en mucho, mucho tiempo.

Mientras, las tensiones políticas, causadas o no por la pandemia, han sacado lo más ruin, extremista y reaccionario de la cainita sociedad española. Como ejemplo, la ocurrencia de convocar elecciones anticipadas en Madrid en plena vorágine epidemiológica. No podemos tomarnos tranquilamente una caña en la barra de un bar, sin que miremos a nuestro alrededor por si alguien se nos acerca demasiado, ni reunirnos con los colegas a comer en nuestro restaurante favorito en el momento en que seamos más de seis, ni tan siquiera reunirnos más de dos en casa ajena, pero si podemos acudir a mítines, manifestaciones o a ejercer el voto (eso que algunos confunden con la democracia), sin ningún tipo de rubor social. Es la nueva realidad, la que nos ha traído el virus y la que nos enseñan las personas que elegimos para que gestionasen las situaciones difíciles y problemáticas, porque para las fáciles no necesitamos tantas alforjas.

Escribo estas líneas en plena jornada de reflexión y bastante antes de saber los resultados de los comicios matritenses a los que nos ha llevado el vértigo de la presidente de la Comunidad, que nos obligará a volver a las urnas en poco más de dos años. Sin embargo estos comicios ya nos han mostrado la más cruda realidad social de este nuestro país; un grupo de proclamados políticos, que ignorando la afección décima de la palabra en el diccionario de la Real Academia, se esfuerzan denodadamente en tirarse los trastos a la cabeza (en el mejor de los casos) e incluso amenazarse físicamente sin ningún disimulo (en el peor), pero sin dar una sola pista de cómo tienen pensado resolver los problemas, graves problemas, que tienen los ciudadanos. Si es que la tienen más allá del eslogan de trinchera: Conmigo o el caos, socialismo o libertad, conmigo o el fascismo. Cuando ni contigo ni sin ti, me temo que tengan nuestros males remedio.

Aún no he oído en ningún medio de comunicación, que alguno de los candidatos plantee publicamente un plan para hacer una reforma que  permita reparar y modernizar el malogrado sistema sanitario público de Madrid que nos sostiene, con más voluntad y dedicación de los profesionales que lo componen, que medios técnicos; ni cómo van a afrontar la reforma urgente y necesaria del sistema tributario; ni tan siquiera de cómo se va a acelerar la tan ansiada vacunación y posterior desescalada; ni de las gestiones y acuerdos que están dispuestos a hacer con el Gobierno central y con los municipales, en el caso de que estos sean de un color parlamentario distinto al suyo. Tampoco he oído a ningún candidato tender la mano para llegar a acuerdos en el caso de que, como nos tememos, no haya ningún partido con mayoría suficiente para formar un gobierno sólido, más allá del ya consabido “con este ni al infierno” o la apelación a cordones sanitarios para mi excluyentes, justo ahora que lo que hay que hacer no es excluir a nadie (y sí, he dicho a nadie, incluidos los que se autoexcluyen), para salir de la pandemia y, sobre todo de las terribles consecuencias económicas y sociales que se van a derivar de esta y que tendrán una solución mucho más longeva. Todo lo más anuncios de bloques de trincheras.

Por ahora dejo esta reflexión aquí a la espera de saber los resultados de las elecciones (a corto plazo, porque a largo no espero grandes cambios).

Del tema Florentino y la Superliga, ya hablaré en otro momento.

LA INAUGURACIÓN

 Con todo el fasto y boato que la ocasión lo merecía, se inauguró en Madrid el Hospital Enfermera Isabel Zendal, para paliar el aumento de ingresos y la saturación hospitalaria que el CoVid esta causando en Madrid, a mayor gloria de los causantes de tan florido estropicio. Y digo esto, no ya porque la inauguración se hizo sin que el hospital estuviese del todo terminado (solo funciona una de sus cuatro zonas previstas y con varias de las mismas aún en obras), que nos haya costado el doble de lo presupuestado inicialmente (para ayudar a FCC, Sacyr o San José, que no se quién ha sido el adjudicatario), y que el mismo tenga la apariencia de un “tente mientras cobro”, puesto que no hay habitaciones como tales, para el correcto reposo e intimidad de los enfermos, sino cubículos donde se acumulan camas, al modo de hospitales del siglo XIX. 



Eso si, las camas son de ultimísima generación, que han costado una pasta que hemos pagado entre todos. Tampoco hay un quirófano para una intervención urgente e inaplazable (preguntó Casado por verlo y la respuesta que le dieron fue marxista. De Groucho, no de Carlos, se entiende), sino porque creo que no se trata de un hospital, sino de una construcción para inaugurar y darnos bombo.



Y es que, si algo saben los profesionales del ramo, un hospital no son las cuatro paredes que albergan camas, que para eso están los hoteles, sino el instrumental, la dotación técnica y sobre todo, el equipo humano que dota a esas cuatro paredes del conocimiento, el esfuerzo y la sabiduría que producen la sanación. Como en los hospitales de campaña que son cuatro tiendas de tela, pero que hacen su función. Y de eso, no se ha hablado nada, más allá de la brillante idea recurrir a dotarlo de voluntarios (sic) de otros centros. Vamos, desnudar un santo para vestir a otro.


Con este hospital, hecho (bueno, pensado) a toda pastilla, para corregir la deficiencia de camas públicas que han causado años de recortes y privatizaciones, se ha cometido el mismo error que se cometió en su día con la creación de los varios hospitales que a lo largo de la geografía madrileña, inauguró la principal valedora de la actual presidenta de la Comunidad, llevándose el instrumental de un hospital a otro para las respectivas inauguraciones. Y digo esto, porque según datos oficiales, hay en Madrid cerca de 2.000 camas vacías de hospital a lo largo y ancho de nuestra comunidad, por la increíble memez de que no hay personal sanitario que las atienda. Pero claro, contratar y pagar decentemente a médicos, enfermeras y personal sanitario, no genera plusvalías en el IBEX35. 

Dicho esto, tengo que reconocer que, construir un hospital público está bien, siempre es positivo tener más instalaciones sanitarias públicas, más allá de que nos haya costado casi el doble de lo presupuestado, que aún no se haya terminado y que, en el momento en que escribo estas líneas, solo disponga de una centena de profesionales, de los casi setecientos, que son necesarios para atenderlo, pero lo que se estaba reclamando a la Administración desde los foros profesionales de la Salud Pública (con mayúsculas), es el reforzamiento de la atención primaria; los Centros de Salud de barrio, esos que están dejados de la mano de Dios desde hace décadas (si no me creen vean por ejemplo el Centro de Salud de Fuencarral, en la calle Isla de Java n.º 53 de Madrid capital, "alojado" en unos contenedores prefabricados, que eran provisionales hace más de 30 años y aún siguen ahí, dando servicio a uno de los barrios más poblados de la capital); aumentar las dotaciones presupuestarias para pagar decentemente a sanitarios y que estos no prefieran marcharse (léase huir) a otra comunidad o al extranjero, porque con lo que se les paga aquí no les da ni para pagar el alquiler y contratar (si, contratar, no pedir voluntarios por la patilla) a más rastreadores que, con su esfuerzo y trabajo, puedan controlan la propagación de la plaga.


Pero es mucho mejor inaugurar un hospital nuevecito, todo tan limpio y cuco, aunque esté vacío.


PS. Cuando cierro estas líneas me entero de una iniciativa de cambiar el nombre al hospital, y ponerle el nombre de la actual presidenta de la Comunidad. Sin comentarios. 

OBITUARIO: Diego Armando Maradona

Ayer, a media tarde, me enteré. Se había muerto Diego Armando Maradona. Un dios con la pelota en los pies y un ser arrastrado, atormentado y patético sin ella. La conmoción y la pena me fueron enormes.

Para aquellos de su generación (mi generación) que habíamos oído hablar a los más viejos del lugar, de las maravillas de Pedernera, el adalid y estandarte de la máquina de River (aquella delantera mítica con Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Lostau) o a los que, ya en Europa, tuvieron el placer y el privilegio de ver jugar a Di Stéfano, la aparición de Diego era la constatación evidente de que el dios de la pelota tenía que ser argentino.



Los que asistieron a la aparición estelar de Diego en aquel campo de patatas donde jugaban los Cebollitas en Buenos Aires, viendo como dominaba aquel balón que parecía tener vida propia y hacía con su zurda dibujos, arquitecturas mágicas, anunciaban la aparición de una nueva estrella del balón. Ya lo dijo Cesar Luis Menotti, cuando firmó por el Barcelona: “Han firmado al mejor jugador de fútbol que ha parido madre”.

Creo que no es necesario hacer una reconstrucción de su biografía, puesto que seguramente todos la conocen de sobra y las televisiones habrán copado todos los noticieros con cientos de jugadas, con goles imposibles (la jugada contra Inglaterra, en el Mundial de 1986 que lo consagró, en la que convirtió una pedrada del ‘Negro’ Enrique, en una auténtica obra de arte), divinos (¡Ay aquella mano de Dios en el mismo encuentro!) o simplemente geométricos (sus innumerables tiros a pelota quieta en los que la misma dibujaba parábolas planetarias), pero me voy a recrear en dos acciones que me impactaron por su dificultad técnica y su increíble dominio de la pelota. Una, de la que fui testigo en directo y que seguro han visto su final miles de veces, y la otra, en Nápoles cuando deleitó a los miles de aficionados partenopeos, que iban a San Paolo hasta para verlo calentar. La primera, ocurrió en el Santiago Bernabéu en Madrid allá por 1983, en un partido de Copa de la , cuando recibió un balón en el centro del campo y se fue directo a portería, tras driblar la salida de Miguel Angel, el portero del Madrid, esperó la entrada del lateral Juan Jose, para driblarle en una baldosa y marcar a puerta vacía. ¡No le pudo ni hacer penalti!. Y todo con una sola pierna, la izquierda (pero que izquierda). La segunda, cuando comenzó a dar toquecitos al balón sin dejarlo caer ¡Con las botas desatadas! Haciendo una curiosa coreografía. Consiguió que no cayese la bola, sin tropezar con los cordones.



Dios en Argentina y en Nápoles, donde hizo grande a un equipo que antes de su llegada era de tercera o cuarta fila, no pudo triunfar en España, porque cayó en un club que entonces era como era y porque Goikoetxea, aquel fiero central del Athletic, le mando directamente al hospital de una brutal patada y le cogió miedo.

Con un físico imposible para el fútbol (pequeño, con evidentes signos de sobrepeso incontrolado, incluso cuando estaba en activo, zurdo cegado, la derecha no le servía ni para subirse al autobus), era capaz de enamorar con su juego incluso a los seguidores del equipo rival (lo único que puedo reprocharle es que jugase en Boca y en el Barcelona, y no en River y el Madrid), se desintegró totalmente en el momento en el que tuvo que colgar las botas. Sus innumerables problemas de salud, impropios de su edad, provocados por la evidente obesidad mórbida y el abuso de cocaína, la droga que el mismo confesó que le había arruinado la vida y la carrera. No pudo continuar ni cómo técnico ni como manager, ni como nada en la profesión que tanto amaba y sus constantes idas y venidas a hospitales, se entrelazaban con escándalos y apariciones esperpénticas en los medios.

Con sólo 60 años recién cumplidos, nos dejó para siempre y seguro que le hizo un caño a San Pedro al entrar en el cielo.

Afortunadamente nos quedan sus miles de jugadas, para poder contarles a nuestros nietos que, una vez, vimos a Dios jugar al fútbol.




Bulos, mentiras y medios de comunicación.

Una de las cosas (pocas, lo reconozco) que se quedó grabada en mi cabeza con marca indeleble, de mi ya lejano paso por la facultad de Ciencias de la Información, fue que podías creerte o no una información o una noticia, pero que antes de difundirla y dar pábulo al personal, esta se tenía que contrastar y que verificar por cuantos medios estuviesen a tu alcance y que, en caso de duda o de imposibilidad de contrastarla, lo mejor era guardarla en la recámara y no soltarla hasta tenerlo todo claro y comprobado, porque te podías pillar las manos y tu credibilidad y honestidad ser pasto de los gorrinos. Y eso en una época donde aun tenías que rebuscar en los bolsillos en busca de calderilla y otear el horizonte en busca de una cabina telefónica que funcionase, o el típico bar donde asaltar el teléfono público y de paso tomarte un cafelito o una caña. Y con todo y con esas, más de una vez te la colaban hasta el fondo.

Ahora, con los teléfonos móviles y las redes sociales al alcance de todos los españoles y del resto del planeta, las “noticias” llegan a cualquiera inmediatamente, incluso casi antes de que sucedan.



Cuento todo este rollo, a rebufo de la noticia de que el Gobierno iba a sacar una especie de comité para evitar que se propague “desinformación” (curiosa alegoría) y acabar con “la difusión deliberada, a gran escala y sistemática de desinformación, que persiguen influir en la sociedad con fines interesados y espurios" (sic), a través de los medios (juro que a mi me ha llegado así cortado, como si esos medios fuesen algo claramente delimitable), amparándose en una encuesta que recientemente hizo el CIS, en la que se preguntaba al ciudadano encuestado si era de recibo “censurar a los medios”, controlando o restringiendo la información para evitar bulos, fundamentalmente por la cantidad de mentiras puras y duras (fuera caretas) que circulan, no solo por las redes sociales, sino también por determinados medios de comunicación, aparentemente serios y sensatos.

El que circulen este tipo de noticias por cauces espurios y lleguen de forma viral a la población, es prácticamente ineludible y lo máximo que puedes hacer dese el ejecutivo es dedicar un ejercito de “desmentidores” para que, tan pronto este circulando el whatsapp, el twitter, el facebook, o la herramienta que cargue el diablo, salga otra “oficial” aclarando el asunto, aunque siempre el bulo seguirá ahí. Ya saben, el “calumnia, que algo queda”. 



Esto ya lo hacen algunos medios de comunicación por su cuenta, como RNE con su página maldita.es, Europa Press, como agencia de noticias, o empresas privadas que se dedican a perseguir esas prácticas. Lo que más me preocupa es el bulo, la mentira o la calumnia que difunden los profesionales del ramo.

No quiero entrar a analizar la maldad, el dolo o la simple estulticia de algunos periodistas a la hora de difundir según que tipo de noticias, prefiero achacar algunas de estas informaciones a la inmediatez que nos exigen los tiempos y las tecnologías actuales, que en muchos casos impiden al plumilla de turno hacer correctamente su trabajo y verificar y comprobar un rumor o una “bola”, que directamente sacan a la luz, por la necesidad de ser los primeros en publicar una supuesta primicia que acaba siendo un “fake” en toda regla. Lo que mas me molesta del tema es la poca relevancia que le dan a las rectificaciones y la poca visibilidad que le dan a sus métodos, frente a titular a toda plana, con profusión de “datos”, una simple nota a pie de página con la rectificación, frente a minuto de noticias televisadas o radiadas, breves segundos de desmentido y “mea culpa”.

Se que esto que estoy escribiendo va a encabronar a más de uno, pero entiendo que, la profesión periodística, debería ser mucho menos permisiva con estas prácticas y, llegado el caso, arremeter contra los compañeros que se sepa que están difundiendo mentiras, bulos, o medias verdades (muy peligrosas), primero con la mesura de quien sabe que cualquiera puede equivocarse, y luego con la contundencia de quien aprecia que le están intentando tomar el pelo.

Solamente ruego a todos que lean con atención toda noticia que caiga en sus manos, sobre todo ahora que con esto del CoVid nos están literalmente bombardeando.




El espejo americano

 Han pasado los días y finalmente, el candidato demócrata Joseph Robinette Biden, ha sido proclamado presidente electo de los Estados Unidos de América, para solaz regocijo de la mayoría del mundo civilizado, harto como estaba de la deriva que estaba siendo la presidencia del país más poderoso del mundo, en manos de un individuo como Donald J. Trump, convirtiéndose además en el primer presidente que no es reelegido, desde que en 1992 George W. Bush padre, perdiese las elecciones frente a Bill Clinton.



Pero este regocijo universal, solamente cuestionado por paises como Rusia, Corea del Norte, Arabia Saudita o Israel que, como todos sabemos, son paises de amplia y contrastada raigambre democrática, ha sido también ampliamente cuestionado dentro de su propio país por casi la mitad del electorado, que ha votado a Trump, y dando pábulo a toda clase de noticias conspiranoicas de fraude y de pucherazo electoral, que también socavan la estructura legal y electoral del sistema norteamericano. Afortunadamente, el sistema reaccionó bien, cuando en el año 2000, George W. Bush (en este caso hijo), llegó a la Casa Blanca tras pugnar en los tribunales y ganar el estado decisivo de Florida a Al Gore, por la cantidad de 347 votos, dejando sin contar mas de cien mil, que no pudieron leer las máquinas.

Pero este caso es bien distinto, primero, porque el recuento se ha hecho de forma manual para evitar una situación similar y segundo, porque el aparato del partido republicano, imprescindible entonces para la batalla legal que llevó a Bush hijo a ganar la presidencia, no está ahora al 100% con Trump, ya que este no forma parte del mismo porque, aunque en su día si que usó el aparato y el paraguas del partido del elefante, no puede considerarsele un miembro activo del mismo, ya que su carrera política comenzó (y esperemos que termine), con la presidencia del estado norteamericano.

Por contra, su oponente y virtual vencedor, representa todo lo contrario. Senador desde 1973, con la administración Nixon, las ha visto de todos los colores y ha ocupado casi todos los puestos políticos de los EE.UU.. Sin embargo ahora cuando, a punto de cumplir los 78 años (siendo el presidente de más edad en llegar a la Casa Blanca), se va a convertir en el cuadragésimo sexto presidente de la Unión, se va a enfrentar a un problema relativamente nuevo para el pueblo norteamericano: La fragmentación de la sociedad y del pueblo americano.

Una de las cuestiones que siempre me ha maravillado del pueblo estadounidense, es que, pese a ser un crisol de culturas, razas, y procedencias (puesto que, aunque Trump se empeñe, solo menos del 2% de la población de los EE.UU. es indígena, siendo el 98% restante, descendientes de inmigrantes del resto del mundo, Trump incluido), la unión del pueblo norteamericano, cuando ha habido problemas, ha sido ejemplar desde el final de la Guerra de Secesión Americana, hace ya más de 150 años. Sin embargo desde el inicio del siglo XXI se ha ido acrecentando la division entre los norteamericanos urbanitas de las grandes ciudades y de los estados periféricos y los norteamericanos del medio oeste, más agrícolas y conservadores, principales caladeros electorales del partido republicano, y que han sido los principales apoyos del ex-presidente, junto con la sorprendente Florida, cuyo núcleo electoral lo forman las comunidades cubana y venezolana de exiliados, que votan republicano, para evitar que el otro candidato, al que sorprendentemente tachan de pro-comunista, vuelva a mantener relaciones políticas con los regímenes de sus paises de procedencia. Cuestiones como el proteccionismo a ultranza de los valores tradicionales norteamericanos, el uso y posesión de las armas de fuego, la inmigración, hicieron a Trump presidente en 2016, contra todo pronóstico, lo que avivó la división, ahora absolutamente disparada con la victoria demócrata.

Ojalá la administración Biden sea capaz de reconducir la situación, conseguir que los EE.UU. vuelvan a pertenecer en las instituciones internacionales, de las que salieron durante la administración Trump., y puedan liderar la lucha contra la pandemia y el cambio climático, los verdaderos retos de los que se olvidó el ex-presidente.





La bandera

 El pasado lunes, 12 de Octubre, se celebró de manera austera y circunscrita al marco del patio de armas del Palacio Real, el día Nacional y el día de las Fuerzas Armadas. Este acto en sí, y más por las especiales características de los tiempos que corren, no hubiese sido motivo de mayor análisis ni reflexión más allá de los típicos cotilleos de cómo iba vestida esta o aquella dama, o si el Vicepresidente había saludado al Rey o no, o si el Presidente había saludado a la Presidenta de la Comunidad de Madrid o se habían hecho los suecos, si no fuera porque, una vez más, el acto se utilizó de forma bastante torticera, para la exaltación de valores que una parte de la población hace exclusivamente suyos, con el consiguiente rechazo y expulsión de otra mucha. Digo esto porque, al mismo tiempo que se celebraba el acto mencionado, tenía lugar una serie de manifestaciones, promovidas por el partido VOX, en el que la enseña nacional fue usada como estandarte y casi como arma arrojadiza contra aquellos no piensan de su misma manera, señalándolos como “antiespañoles” por el mero hecho de tener una idea e España dentista a la suya.

Durante los últimos 40 años, la utilización de la bandera bicolor y los símbolos nacionales (incluido el himno), han sido apropiados por una parte del espectro político, que los utiliza como elemento diferenciador y disgregador entre ciudadanos que, curiosamente, conviven bajo la misma bandera y símbolos.

Esto tampoco sería el motivo principal de que abandonase mi retiro literario. El motivo principal, ha sido la aparición en las redes de un video, en el que en un colegio, cientos de niños agitaban banderas nacionales al son de la Marcha Real y que ese video, se haya hecho viral con miles, quizás cientos de miles de reproducciones, y con comentarios bastante partidistas, por uno y otro bando, señalando un cierto adoctrinamiento en unos niños que, al menos desde mi punto de vista, solo celebraban un día de unión e identidad nacional.

Como algunos saben, yo me he educado en un colegio extranjero, en el que los símbolos y la bandera nacionales no eran, ni son, motivo de disputas y de exclusiones de una parte del país hacia otra. Aún recuerdo cómo, el día nacional italiano (2 de Junio), todos los muchachos y muchachas del colegio, que habían ensayado días antes, salíamos juntos al patio para entonar el “Fratelli d’ Italia” y a saludar con orgullo a la bandera tricolor, sin que ninguno, incluso los que no éramos oriundos de ese país, nos sintiésemos excluidos ni señalados como “anti patriotas”.

Ya se que muchos me dirán que en otros países de nuestro entorno; Francia, Italia, Alemania, las banderas nacionales han sido usadas por los partidos más nacionalistas de extrema derecha, para señalar una cierta identidad nacional, y diferenciar a unos supuestos nativos de aquellos foráneos que amenazan su “estatus quo”. Eso es normal y comprensible. Durante la formación de los partidos más de izquierda como el socialista, el comunista e incluso el anarquista, estos rechazaron la idea de confrontación nacional (que asoló Europa durante todo el siglo XIX), y abrazaron la idea de universalidad y de lucha de clases, frente a las luchas nacionales, defendidas por los sectores mas conservadores de cada nación. Pero esta división debe ser ya rechazada y repudiada por todos, y especialmente por los líderes políticos actuales. Me quedo con la anécdota de la Señora Merkel, a quien alguien acercó una bandera alemana durante un mitin y esta rechazó tajantemente enarbolarla, argumentando que esa bandera era de TODOS los alemanes y no solo de los que votaban a un partido u otro.

Reconozco que el sesgo partidista e ideológico que tiene la bandera bicolor y la Marcha Real, es muy particular, sobre todo desde que la II República, decidió sustituir ambos símbolos por la tricolor y el Himno de Riego, para desmarcarse de un pasado que consideraban funesto, y que el bando “nacional” (ojo a este detalle apelativo) sustituyó, ya iniciada la contienda civil, esos símbolos por los monárquicos (aunque con cambio de escudo, el Real por el águila de San Juan. Pero no quiero ponerme muy académico, ni pesado con referencias al pasado, más o menos reciente, sino apelar a poder usar esos símbolos sin ser señalado como “facha” ni retrógrado, ni que alguien que los utilice para demostrar su orgullo de ser español, hoy tan bajo, pueda mostrarlos con orgullo de ser español, no por defender opiniones decimononas como el manido “Dios, Patria y Rey” carlista.

Quizás se debería haber planteado un cambio de los símbolos nacionales con la Constitución de 1978, para evitar la inmediata vinculación de la bandera bicolor y del himno (al que ya de paso podíamos haber puesto letra), con unas ideas que no tienen todos los españoles. Pero a estas horas, plantear esa modificación constitucional es mas bien utópica, no ya para estos asuntos de menor calaje.

Es por ello que reivindico urgentemente el hecho innegable de poder usar los símbolos nacionales como muestra de admiración y respeto por una nación, y la condena a que estos mismos símbolos sean usados no para unir y aumentar el espíritu nacional, sino para excluir de dichos sentimientos a una parte de la población que no comulga con otras de las ideas de los partidos que ahora las enarbolan como símbolos propios. Para ello quizás sería interesante consensuar (iluso) una ley que prohíba el uso de la bandera nacional con ese inesperados.

Quizás entonces pueda sentirme cómodo luciendo esos mismo colores.








Juan Carlos también borboneba.

Había decidido enterrar la pluma de guerra y dejar que este blog languideciera en el limbo de los escritos olvidados tras el esperpéntico espectáculo de lo leído y oído en los tiempos del coronavirus (¿o debería decir de la cólera?), pero los acontecimientos históricos nos atropellan y me veo en la obligación (y en la tentación) de ponerme al teclado para opinar o indicar mis reflexiones, por mucho que luego me sacudan en las “redes antisociales”.

Y es que estamos en un momento de trascendencia histórica: De nuevo un Borbón, el rey emérito (?), ha decidido poner tierra (y seguramente mar) de por medio, entre su regia figura y el Estado español, cansado (eso dice él) de que se acose y se le investigue, después de lo mucho que ha hecho el por este país (que es por lo que se le pagaba). Y eso que según el mismo en uno de sus recordados “speechs” navideños, “todos somos iguales ante la ley” (sic).



Juan Carlos ha borboneado. Y mira que nos hubiera gustado afirmar al final de sus días que había sido la excepción dentro de la malhadada dinastía de los Capetos españoles, y que no solo había devuelto la democracia y promovido la reconciliación entre los españoles, tras haber sido designado por el oprobioso dictador (una suerte de gracia divina, alejada de cauces mas heterodoxos) y haber abjurado de los Principios Fundamentales del Movimiento. Pero no, fiel a esa sangre espurea (léase acerca del padre biológico de su bisabuelo) que lleva en sus venas, ha decidido comportarse como un Borbón y renuncia a defenderse leoninamente (tengo que reconocer que lo tiene chungo y que es un octogenario muy “curradito”), poniendo pies en polvorosa no sea que vengan peor dadas, que ya no estamos para carreras y tiene colocado al chico.

No es que sea la primera vez que un Borbón se apea en marcha de este país por escándalos y corruptelas. Ya lo hizo su tatarabuela, aficionada a las joyas, los dineros y las carnes (a las del cocido y a las otras), que marchose a poner sus reales posaderas a París tras la revolución denominada “Glosiosa”, para no volver jamás. O su abuelo; Alfonso XIII, que tras apoyar un golpe de estado militar y aplaudir enfervorizadamente a Primo de Rivera, también se vio envuelto en turbios asuntos crematísicos (se afirma que estaba metido en la famosa estafa del “estraperlo”), y sus borbónicas aficiones a la carne (este solo de la otra, que se sepa), lo que le valió salir por la puerta de atrás del Palacio de Oriente, tras la visita de una comisión parlamentaria que le invitó amablemente a tomar las de Villadiego (léase Cartagena). “Los españoles han echado al último Borbón no por Rey, sino por ladrón", afirmó Don Ramón María del Valle-Inclán sobre Alfonso XIII.

A todo esto nos damos cuenta que, salvo Alfonso XII, el Pacificador, primer monarca Borbón costitucionalista (lo de Fernando VII y la Pepa fue un “coitus interruptus”), muerto prematuramente; y Don Juan, que llegó de rebote a la sucesión y que ni tan siquiera llegó a ser Juan III, que no llegó a pisar el pais desde 1931 hasta la coronación de su vástago, no ha habido Borbón que no haya salido del país por patas, en los últimos dos siglos.

Y es que tras la inmunidad que le otorgaba la Corona, junto con la imagen que los medios y los políticos de turno le daban, bajo el áurea de salvador de la democracia tras su papel el 23F, “Juanito” (apelativo cariñoso que le otorgó su familia, no es que me ponga irreverente), borboneaba. Es decir, hacía lo propio de un Borbón.

No es solo que haya ahora aflorado su afición a las señoras estupendas (hay que decir que ese gusto era “vox populi” durante años en los mentideros de la corte), que es una tradición familiar ampliamente documentada en la historia patria, donde hay reseñas de nombres ilustres como Elena Sanz, Consuelo Vello “la Fornarina” o Carmen Ruiz Moragas, y otros muchos nombres menos reconocibles y fácilmente olvidados, aunque esto solo le incumbe a él y a su señora esposa; sino también en su afición a coleccionar dádivas, comisiones y regalos, lo que ya nos incumbe a todos los paganos fiscales, y más cuando hay sospechas (creo que más que sobradas) que los mencionados “regalos” no pasaban por el filtro de la Hacienda patria y quedaban en el limbo fiscal mas ominoso.

Afortunadamente para la institución, el actual monarca se ha desmarcado lo más rápidamente que ha podido del asunto, intentando mantener la corona sobre su regia cabeza, aunque creo que no debe preocuparse mucho: Ni existe una oposición política organizada, ni figuras políticas serias y respetadas que puedan canalizar y hacer viable una opción republicana. Creo que la III República española debe aún esperar y que yo, como muchos que consideramos la monarquía una institución obsoleta y antidemocrática, y somos abierta y públicamente republicanos, no nos queda mas que decir: “¡Viva el Rey!”. De momento, no se vislumbra otra opción.






DIARIO DE UNA EPIDEMIA: El odio en los tiempos del coronavirus.

En todo este asunto de la pandemia, parece que se aclara lentamente la situación. No, ya sé que esto no se ha acabado y que llegarán rebrotes más o menos pequeños (o al menos así nos los venderán), pero la paulatina y asimétrica desescalada (no saben lo que me apena el término), invita al menos a cierto optimismo.

Frente a este horizonte sanitario esperanzador y con la mejoría en los datos proporcionados en la mano, asistimos atónitos al espectáculo esperpéntico que, una vez más, nos proporciona la clase política española.

Lejos de aprovechar la existencia de un enemigo común (el virus), lo que a lo largo de la historia, había servido como elemento vertebrador de la sociedad y de la clase política en España, los políticos patrios han evolucionado su discurso hacia una catarata de reproches e improperios, cuando no calumnias o directamente insultos al contrario a su pensamiento o línea política, no discerniendo entre lugares, sitios o medios donde verterlos, lo cual les ha transformado en una caterva de hampones, dispuestos al enfrentamiento (de momento solo verbal) con quien se opone o discrepa de su ideario.

Puede ser por el hecho de que el enemigo sea invisible al ojo humano, o bien porque una parte de la población lo considere casi un castigo divino que merece ser expiado y reconducido, lo cierto es que, en lugar de mostrarse como un grupo cohesionado y gremial, destinado a buscar el bienestar de sus conciudadanos o que al menos sufran lo mínimo esta lamentable y dolorosa situación, se han mostrado como una banda juvenil callejera, dispuesta al insulto, al oprobio y a la descalificación más indignante. Y no es la primera vez que el edificio de la Carrera de San Jerónimo, soporta este tipo de actuaciones chulescas y barriobajeras (que me perdonen los habitantes de los barrios bajos), no hay más que ir a las actas del Congreso de los últimos dos siglos donde, a pesar de que no se recoja todos los exabruptos oídos en sesión (tenemos referencias de eliminación de las actas de expresiones o palabras mas o menos groseras o indignas), se pueden leer auténticos dislates, y que salvo menciones a la ocupación de la madre que parió a uno u otro (yo al menos no las he encontrado), los insultos, mofas, escarnios y amenazas de todo tipo (incluidas las físicas), se han vertido de manera mas o menos velada durante toda este tiempo. Curiosamente este tipo de actitudes no se han dado en las épocas de represión o dictadura pero, como dice Jorge Freire en su libro “Agitación”; quien no sabe gobernarse a si mismo necesita ser gobernado. Y cfeo que no se refería al pueblo.

Pues bien, si es en dictadura cuando este tipo de acusaciones no constan ni en las actas ni en las crónicas (básicamente porque no hay rival al que increpar, pues ha sido eliminado o ha huido), es precisamente en los periodos de más libertad (al menos aparente) en los que las mismas reverdecen, se producen con mayor frecuencia y con mayor vehemencia y, como una consecuencia deseada por los actuantes, suelen acabar de muy mala manera (en España, casi siempre del mismo lado).

Tras haber indicado todo esto, me parece propio señalar que encuentro indignante que un compareciente ante la asamblea nacional, criticase y ningunease el título nobiliario de una diputada, lo que esta “aprovechó” de manera rastrera, para tachar de hijo de terrorista al interlocutor, item más, vicepresidente del gobierno de su país. Entiendo que no es digno ni decente criticar a los hijos por los pecados de los padres, por más que el hecho de ser marquesa por línea sanguínea sea digno y no debiera constituir ningún baldón, ni que el ser descendiente de alguien que en su día luchó contra la dictadura franquista (no se ha demostrado que el padre del Sr. Iglesias tuviera delitos de sangre), constituya un hecho vergonzante. Debemos recordar que, para el régimen franquista, cualquiera que estuviese en su contra era un enemigo de la patria y un terrorista. Si así fuese, el que escribe debería tener la misma consideración.

Especial mención en esta vorágine de hechos totalmente execrables, está la actitud del Sr. Iglesias (entiendo que esté hasta las narices, pero va en el cargo), que en plena Comisión para la Reconstrucción Nacional (sic), entró de manera lamentable al trapo de los dardos del comisionado de Vox: Sr. Espinosa de los Monteros, para intercambiar una diatriba de descalificaciones, mas propias de una pelea tabernaria, que de dos personas que representan a muchos españoles. Por más que los señores de Vox, estén mostrando a lo largo de la crisis una altura de miras abisal, por más que se les vea (y mucho) el plumero nostálgico/autoritario, el Sr. Iglesias no debe de olvidar que, a estas alturas, no solo es el líder de un partido avalado por millones de votos, sino que también es el vicepresidente de todos los españoles y que como tal debe comportarse. Ha olido la derecha nacional sangre y dirigen hacia allá todos sus ataques y amenazas, sabedores que va a entrar en su juego. Debe tentarse y mucho el Sr. Iglesias, para no entrar en su juego, no por manido y usado menos eficiente, y dejar que ellos mismos se retraten. 

Entiendo, auqnue no justifico,  que para muchos compatriotas, es el odio por lo diferente lo que mueve la rueda de la Historia de este país. Ya decía Gustavo Bueno que para muchos pensar, es pensar contra otro.


DIARIO DE UNA EPIDEMIA: De balcones y cacerolas.


Las fases de desconfinamiento han empezado de forma diametralmente opuesta a como empezó la escalada: Desincrónizadas, desiguales, asociales e ininteligibles. Pero al menos estamos en el inicio de la “nueva normalidad” (curioso oximorón).

A pesar del paso del tiempo, sigo pensando que el mayor error del Gobierno de Sánchez en todo este asunto, ha sido su falta de sinceridad con la opinión pública y con el pueblo español. Y no porque piense que nos hayan mentido deliberadamente o de forma torticera, no. No les creo lo suficientemente taimados. Creo que el fallo de sinceridad vino al principio, cuando todo esto empezó. Deberían haber sido sinceros con su propia ignorancia y reconocer: “Españoles (perdón, se me ha escapado), no tenemos ni puta idea de lo que se nos viene encima. Por lo que vamos a tratar de evitar daños mayores haciendo lo que nos recomienden Fulanito, Zutanito y Menganito, que son los mayores expertos que hay a mano sobre virus. Y que por cierto, tampoco tienen ni puta idea de lo que se nos viene encima”. Con eso se habrían evitado el continuo fluir de comunicados, y des-comunicados, conteos y des-conteos, en los que se demostraba una y otra vez, que lo que estaban haciendo era simplemente el viejo experimento de prueba/error.


Ojo, que creo que esto mismo tenían que haber dicho y hecho todos los líderes políticos del mundo, a los que se les ha venido el toro encima y no ha sabido torearlo ninguno. Si, ya se que a algunos les ha ido un poco mejor, pero porque han tenido a su favor que el asunto se les ha subido a la chepa cuando otros ya lo tenían encaramado a los hombros y con una parte del camino realizado. El confinamiento y la observación empírica (?) de lo que sucedía, ha sido la única manera de ir conociendo el problema e ir tomando decisiones que permitiesen minimizar los daños, tanto los sanitarios, como los económicos y sociales que tienen una solución peor y a mas largo plazo.

Mientras la población, mayoritariamente disciplinada y concienciada, se encaramaba a los balcones para aplaudir el titánico esfuerzo de los Miembros de las Fuerzas Sanitarias del Estado (sic), que con más valor que el Guerra (el torero, no el político), se echaban todos los días al ruedo con un trapo y un palo para intentar torear al morlaco vírico, y así recibían la aprobación y admiración del respetable desde los balcones, consciente que con esos medios bastante hacían con ponerse delante y jugarse el físico (perdonen la perorata taurina).


Y justo cuando se empieza a vislumbrar la salida de la pesadilla en esa forma caótica de des-escaladas desiguales y parciales, otro “respetable” decide ponerse las normas por montera y salir a la calle cazuela en mano, para darle una cencerrada al Gobierno. Que conste que estoy de acuerdo con tocarle las palmas (por no decir otra parte de la anatomía humana) al Gobierno y pedirle más explicaciones de las que hasta ahora ha dado y sobre todo exigirles el mea culpa sobre los numerosos bandazos que han dado estos últimos meses,  pero lo mismo que no participé en la cacerolada al monarca, tras su tibio discurso al principio de la pandemia, ni la posterior reivindicación republicana del 14 de Abril, pienso que no es el momento de mostrar discrepancias. Habrá tiempo, mas que de sobra, para acechar, tanto lealmente como lobunamente, al Gobierno y recriminarle, desde la tribuna y desde la calle, la gestión y la organización de este proceso, pero creo que es una irresponsabilidad y una falta total de patriotismo (entendido este como el respeto y el deseo de bienestar de todos nuestros compatriotas, no solo de los que enarbolan nuestra mismo banderín de enganche), hacerlo en estos momentos con el enemigo ya cansado, pero aún a las puertas.

Admiro y respeto a la oposición portuguesa (aunque estoy en sus antípodas ideológicas), así como a la oposición laborista en Inglaterra, que han cerrado filas en torno a sus respectivos gobiernos (pese a que Johnson, la ha cagado de forma mayúscula, y que donde inicialmente dijo digo dice ahora Diego), sin ocultar sus discrepancias, con una lealtad institucional y patriótica (ahora sí), que por aquí no he visto, pero sin intentar sacar más rédito político que el de sus propios actos. Aquí hemos vivido una historia diferente. Ante la confusión del momento por parte del Gobierno de coalición, han acechado los opositores al mismo, intentando sacar el mayor beneficio propio, aún a costa del general. En algunos momentos me han recordado los tiempos el acoso al gobierno Zapatero, en los que alguien tuvo la brillante idea de declarar que deseaba que se hundiese España, que ya la arreglarían después ellos. Y dentro de esa táctica, están también las caceroladas. Con el viejo argumento del “y tú más” o “eso mismo hiciste tú antes”, han avalado la acción popular, simplemente porque muestra el malestar del pueblo (bueno de una parte del mismo) a la gestión del Ejecutivo, por otra parte continuamente denostado.
Y así entre aplausos y caceroladas, pasamos la tarde en la capital, a la espera de pasar a la siguiente fase.

Obituario: Julio Anguita El político que nos enseñó como un maestro.

Ayer murió  a la edad de 78 años, el que fuera en su día Secretario General de Izquierda Unida y primer alcalde “comunista” de una capital de provincia de España.

Pero más allá de cargos y títulos, que serán lo que se indique en enciclopedias y libros de Historia, Julio Anguita fue un hombre leal, coherente, comprometido con su visión igualitaria y solidaria de la política en España.

Uno de los últimos referentes políticos serios de este país. Mas allá de estar o no de acuerdo con sus ideas, la figura de Julio Anguita se eleva por encima de muchos de sus contemporáneos políticos, al haber llegado a ser una "rara avis" en el panorama político español; un hombre comprometido con sus ideas y capaz de llegar a acuerdos necesarios a pesar de las discrepancias ideológica y de concepto que pudiera tener con quien quería llegar a un acuerdo.

Hijo, nieto y bisnieto de militares y Guardias Civiles, obtiene la licenciatura en Historia Contemporánea y se dedica a su gran pasión, la enseñanza, en varios institutos andaluces. En 1972, ingresa en el entonces clandestino Partido Comunista de España. Una vez en Democracia, se convierte en uno de los miembros de Comité Central del Partido en Andalucía, tras el famoso Sábado Santo Rojo en el que se legaliza el PCE. En 1979, y en las primeras elecciones municipales de la joven democracia española, se convierte en el primer alcalde comunista de una capital de provincia tras la guerra civil. Su fisonomía enjuta, además de esa barba perfectamente recortada y puntilínea, le llevan a obtener el sobrenombre de “el Califa Rojo”.



Fue uno de los encargados por el partido de gestionar la alianza que llevó a crear la coalición Izquierda Unida, con la que encabezó las listas electorales en 1989, logrando un importante aumento de escaños frente a los obtenidos en las elecciones anteriores por el PCE. Pese a ello, fue uno de los firmes defensores de la no disolución del viejo PCE dentro de la coalición de izquierdas, dejando constancia de una claridad de ideas y de conceptos democráticos que le valieron el reconocimiento y la admiración de muchos rivales políticos.

Lideró una época convulsa dentro de la izquierda española, con enfrentamientos directos con el PSOE, al que tachaba en muchas ocasiones de tibio. En esos momentos estaba considerado como uno de los líderes políticos de más prestigio de España.

Sin embargo su gran corazón le jugó una mala pasada. En 1993, en plena campaña electoral, sufrió un primer infarto, al que siguió otro en el año 2000 que le llevó a renunciar a su cargo como líder de IU, a retirarse de la vida pública y volver a la enseñanza y a la escritura. Julio Anguita es autor de varios libros, entre los que figuran: Textos y discursos (de su etapa como alcalde de Córdoba), Desamortización Eclesiástica en la ciudad de Córdoba (1836-1845) y Otra Andalucía, escrita junto a Rafael Alberti. En 2011 publicó Combates de este tiempo y a finales de 2013 presentó la biografía política Contra la ceguera.

La vida le tenía reservada una nueva y tremenda adversidad a su maltrecho corazón, cuando en 2003, su hijo Julio Anguita Parrado, moría durante la guerra de Irak cumpliendo con sus labores de periodista. El revés fue terrible, pero no por ello abandonó su vida publica, participando en debates, entrevistas y actos públicos en los que seguía mostrando su afilado sentido común y sus ideas políticas y sociales. Su claridad de ideas y su verbo didáctico y directo, le han llevado a ser uno de los referentes ideológicos de la izquierda nacional.

Creador del lema mas recordado de la política española (“Programa, programa y programa”), sobre cómo debe un partido navegar por las convulsas aguas de la política, ha mantenido hasta el último momento una coherencia alejadísima de los actuales modelos de comportamiento de la clase política actual.

Una parada cardio respiratoria se lo ha llevado en su querida Córdoba.

Adiós a un hombre cabal D.E.P.




Obituario: Michael Robinson, el hispánico humor inglés de un gaditano de Leicester.


Aunque sabíamos que tenía cáncer, y de los malos, nos ha sorprendido mucho la noticia de la muerte de una buena persona y un tipo con un humor ciertamente particular: Michael Robinson.

Un delantero centro inglés de toda la vida (de esos que se dice que les tiras un cochinillo y te lo rematan de cabeza), inició su carrera en el Preston, para después pasar por un Manchester City muy distinto al de hoy en día, y Brighton, para llegar al club de sus amores, el Liverpool (“Debería pagar yo por jugar en el Liverpool”, llegó a decir), donde consiguió sus mejores éxitos como deportista en 1983, logrando Liga, Copa de la Liga y Copa de Europa, en aquella mítica final ante la Roma, precisamente en la Ciudad Eterna, dirimida por penaltis. Años después llegó a confesar que se escondía entre sus compañeros para no tener que tirar uno, “No la fuese a cagar”, afortunadamente para él no tuvo que lanzar. De esa final dejó una de sus más divertidas anécdotas al confesar que, encargado de llevar la Copa, se la dejó en el Duty Free del aeropuerto de Roma: “Al volver a por ella hice el sprint más rápido de mi carrera”.



Tras un breve paso por el QPR, en 1987, hizo las maletas y se vino a España,  junto a su amigo Sammy Lee, fichado por el club Atlético Osasuna. No sabía donde se metía, tanto que se pasó días buscando Osasuna en un mapa de España hasta que, ya en España, le dijeron que llevaba unos días viviendo en Pamplona. “Al principio no sabía ni donde estaba, creí que la ciudad se llamaba Osasuna. Al ver al equipo penúltimo le dije a mi mujer que yo no podía salvarlo, que deberían haber fichado a Spiderman o David Copperfield. Tenía otras ofertas, pero fichar por Osasuna me pareció muy romántico. Antes del primer partido vi que existía la costumbre de rezar antes de saltar al campo. Le dije a mi padre que se confirmaban mis sospechas, que éramos tan malos que debíamos rezar antes de jugar”, llegó a decir con sorna". 
Salvó con sus goles al club pamplonica del descenso, y rápidamente se enamoró de la ciudad, de sus costumbres y de su gente (“Vine por el fútbol y me enamoré de España”), a pesar de que no entendía nada de cómo somos y de nuestra manera de vivir. Sólo sabía decir en español gracias, cerveza y contar hasta cinco. 


24 veces internacional con Irlanda (“No era lo suficientemente bueno para jugar con Inglaterra”), se retiró del fútbol en 1989, por culpa de las constantes molestias que arrastraba por sus varias lesiones de rodilla. Pero la retirada del fútbol le llevó a su segunda profesión y sin duda a su pasión, el periodismo. Tras un breve paso por RTVE, en 1990 firmó por el entonces recién nacido Canal +, que traía por primera vez la televisión de pago a España. Formando dupla con Carlos Martínez, su divertido acento inglés y sus constantes equivocaciones gramaticales (“He conseguido no hablar correctamente ninguno de los dos idiomas” dijo, cuando le preguntaron por su acento), fue todo un éxito continuando en las retransmisiones y colaborando en programas míticos como “El día después” y en “El larguero” de la Cadena SER. Años después, en 2007, dirigió el programa “Informe Robinson”, lo que le ha valido infinidad de premios hasta que en 2017 recibió el Premio Internacional Vázquez Montalbán, en la categoría de periodismo deportivo.
Su extraordinario sentido del humor y su humanidad también le llevaron a aventuras profesionales “extrañas”, como colaborar en el doblaje de la película Schrek, en el que doblaba, con su particular acento, ¡A una de las hermanastras feas de Cenicienta!.
De su estancia en España, también le ha quedado un profundo amor por Cádiz y por su club de futbol (del que llegó a ser directivo), seguramente por ese sentido suyo del humor, que afina el sentido gaditano.
Hizo pública su enfermedad sin ningún tipo de pudor, con valentía, para enfrentarse a ella con mas tesón: "El cáncer puede que me mate, pero lo que no va a hacer es matarme todos los días".
Muy amigo de sus amigos, deja un enorme vacío en el periodismo nacional y en la afición a ese deporte que tanto le dio. Anfield, el mítico estadio del Liverpool, su estadio, en el que jugó de rojo tantos y tantos partidos, siempre le emocionó. "Sales del vestuario, bajas unas escaleras, subes otras y estás en el campo. Lo ultimo que ves es el This is Anfield. Todos lo tocaban y luego, the Kop, la histórica tribuna, cantaba el You'll never walk alone.”

Hoy no solo the Kop lo cantará, porque nunca caminarás solo. DEP.





Obituario: Luis Eduardo Aute (1943-2020)


Dentro de esta espiral terrible que estamos viviendo y, al menos para mí, sin sentido, ayer me conmocionó a noticia de la muerte, a los jovencísimos 76 años de Luis Eduardo Aute. Uno de los mayores exponentes de la intelectualidad del tardo franquismo, dotado de un escasísimo talento práctico, pero infinito talento artístico, mi medio tocayo fué pintor, compositor, escultor, cantante y pensador de la vida. Filipino por accidente (nació en Manila donde su padre trabajada en la compañía de tabacos), madrileño de corazón, inició su carrera como cantautor cuando España empezaba a echar el cierre a 40 años de dictadura, componiendo toda una banda sonora que acompaña a su generación y los recuerdos de infancia de la mía. Dotado de un fino sentido del humor, solo hay que oir su “Autotango de un cantautor”, colaboró con otros artistas en uno de los discos mas divertidos de la época, el que dedicarón al también desaparecido Antonio Fraguas “El Forges”. Fueron sin embargo sus canciones reivindicativas las que le llevaron a la fama: “Rosas en el Mar”, “Una de dos”, “Anda”, “Al alba”, y tantas otras en las que mezclaba el amor con la reivindicación. Compuso tambien una de las mejores canciones de amor escritas en castellano: “Las cuatro y diez”.
Que la tierra te sea leve.